miércoles, 15 de noviembre de 2017

Regreso a casa...


En la búsqueda de mi identidad, en ocasiones mi mente llega a la casa de la abuela. Referente indiscutible de la familia. Esa casa que durante mi niñez representaba la familia, la unidad, todo lo que una persona de mi edad pudiera necesitar, lo encontraba ahí. Mis grandes amigos que siempre han sido mis primos hasta el día de hoy, quienes durante mi estancia me hacían agradecer cada día el tener a esa gran familia.
La figura de mi abuela, imponente, recta, recia. Una mujer que tuvo que sacar adelante a sus hijos, ser ejemplo de fortaleza, una mujer que vivió épocas duras, tristes, pero también que vió premiado sus esfuerzos al tener a sus hijos y nietos alrededor de ella.Que su palabra era ley, que su ejemplo era un desafío, que su cariño era inmenso para cada miembro de la familia; que lograba cada año el milagro de reunirnos a todos por más lejos que estuviéramos, pero sobre todo, que nos hizo orgullosos de saber que venimos de una gran casta y de una gran mujer.
La casa de la abuela, lugar de referencia para muchos momentos de mi niñez y adolescencia. Un lugar que a la vista de muchos puede ser igual que todos. Una casa más en una ciudad como cualquiera del país. Pero para mí, es el símbolo de mi familia, de mi memoria. Ese jardín en el que platicaba con mi papá por las tardes en lo que se fumaba su cigarrito. O las mañanas en la que ayudaba a la abuela a arreglar el jardín... o a cortar  granadas... o a corretear al perro, ante los reclamos de ella por el pobre animal que me tenía que soportar.
Esa ciudad, que de pequeña podía recorrer de lado a lado sin problema... ir al golfito con los primos caminando una mañana y regresar por la tarde todos sudados; devorando toda la comida que encontrábamos a nuestro paso. Ir el domingo a la presa simplemente a no hacer nada... a platicar y convivir con los primos. O caminar por la tercera en las noches de verano tomando un helado root beer. O ir al rancho y hacer enojar a mi madre por tener la audacia e inconsciencia de meternos como locos a nadar en el canal.... con el agua caliente gracias a las agradables temperaturas del desierto.
Pero mi identidad no se basa sólo en los recuerdos. Pero en cierto sentido, mi pertenencia inicia en esa casa. En ese jardín, en ese patio y que va más allá del apellido, de la sangre.
Quizá el que tratemos de conservar ese lugar nos permite sentir que seguimos honrando a la abuela, que valoramos cada momento todo lo que hizo por sus hijos estando sola. Es conservar esa memoria de ella, de su vida y de su entrega; de todo lo que hizo por tener a la familia no sólo reunida, sino unida, en las buenas y en las malas. Es el reconocer que venimos de un lugar en específico y que podemos regresar a cargar las pilas, a respirar con nostalgia nuestro pasado y rescatar con melancolía uno a uno los recuerdos que nos evoca regresar ahí.
Es quizá esa necesidad d tener un lugar visible que nos recuerde nuestro origen, más allá de la casa paterna. Un lugar que nos conecte de alguna manera con nuestro pasado, con nuestras raíces, con lo que forma de alguna manera nuestra escencia.
Y porqué no, tambien esta la casa paterna, esa casa de donde salí para formar mi propia familia. Eseluagr que uno llega a conocer de rincón a rincón. Esa casa que uno deja con tristeza, pero que sabe que estará ahí. Esa casa que continúa con la rutina, con los olores y colores. Con su jardín y patio lleno de flores y árboles, porque así mi madre lo decide.
Esa casa con el perro y gato en el patio y que sólo entran porque rebelándose a la regla materna, uno tiene esa necesidad de abrazarlos y meterlos.. y si no soy yo, es alguno de mis hijos. Esa casa con sus grandes muebles de madera, con su escalera recta y el gran librero en el descanso. Esa casa que también es centro de reunión, que en lo personal me cuesta visitar.  Esa casa en la que los recuerdos buenos y malos se agolpan de repente, en la que en cada esquina se esconde un recuerdo, en la que los aromas de mezclan con la ausencia, esa casa en la que las risas de repente dan lugar a las lágrimas, a la melancolía, a la añoranza, al querer de repente regresar el tiempo,  o detenerlo.
Pero al final, sea la casa que sea, no es el edificio lo que son mis raíces, es la gente que está o ha estado en ellos. Es la abuela con su bagaje, con sus enseñanzas, con sus lecciones, con sus regaños y por que no, con sus displicencias. Es esa mujer que nos enseñó a ser familia,  a sentirnos orgullosos de cada persona que la conforma;  a querer a cada miembro de ella mas allá de la sangre. Y a saber que podemos regresar allá y sentir el calor, el apoyo y el amor de cada uno.
No es la casa de mi padre, es lo que hizo por mí y en mi. Cada enseñanza, cada recuerdo, cada vivencia. Es el estar de nuevo tirada en el suelo hojeando sus libros, escuchando su música, cantando con él. 
Es hacer vida cada lección y transmitir a mis hijos lo que somos, de dónde somos. Transmitirles el orgullo de ser parte de una gran familia, de un bello linaje. 
Mi identidad es mi abuela, es mi padre. Son esos bastiones que aunque ya no estén en sus casa, siguen presentes en mi vida, en  mi acturar. Son los que me heredaron valores, moral, cultura. La pasión por vivir y el respeto por el otro. Son quienes me dan la fortaleza cada día, la alegría por la música y por las cosas pequeñas.Los que me enseñaron el valor de la familia y la importancia de tenerla unida.
Mi identidad es mi padre, mi roca, mi confidente. Quien me ayudó a descubrirme, a crecer, a ser independiente, a ser yo misma. El hombre que me dio las armas y el valor para ser diferente, original y sentirme plena por ello. El hombre que siempre me mostró calidez y confianza, aún cuando no coincidiéramos.
Mi identidad es más que una casa. Es mi sangre, mis raíces, mi educación... mi casta. Es lo que  me heredaron el día que nací y lo que he acumulado  con el paso del tiempo y que a su vez les estoy dejando a mis hijos. Es el orgullo de mi gente, de mi pertenencia.
Regresar a casa es más que hacer un largo viaje; regresar a casa es honrar cada momento de dónde vengo, es sentirme valiosa por lo que soy... regresar a casa es no olvidar a mi familia, a mi abuela, a mi padre... es no olvidarme, no perderme... hoy regreso a casa, como ayer, como mañana...



jueves, 29 de diciembre de 2016

Para mi fin de año

Ya se termina otro año. Este en particular fue difícil para mí en lo anímico, en lo personal, en lo familiar, en lo laboral. Cierto que todo inició desde finales del año pasado. Un remolino de dimes y diretes, amagos y situaciones que no favorecieron en lo absoluto ya ya frágil y muy deteriorada situación familiar.
Me reclamaron, me amagaron, me intentaron adoctrinar de que era "mi obligación" de que siendo como ellos quieren sería entonces una buena persona, hermana, hija, esposa, madre y de más...
Dejen decirles, que las cosas no son como creen ni serán como esperan: no hay cuentos de hadas y no hay malos ni buenos en esta historia. Sólo malas decisiones, malos momentos, pésimos consejos y sobre todo, esa ridícula necesidad de poner a competir a los familiares entre sí, de buscar la aceptación del otro en base a caprichos.
Me costó años entender de que quien te quiere, lo hace simplemente porque le haces sentir bien, porque le nace quererte. Quien te exige, quien te pone condiciones, quien te compara con el otro, quien decide qué lugar tienes en su vida en base a qué tanto te humillas, qué tanto dejas que los demás te utilicen, te agredan, qué tanto dejas que te manipule y controle tu vida, tus actos, tus decisiones, no te quiere....
Ese tipo de acciones, sólo me han demostrado una y otra vez un tremendo egoísmo y una incapacidad de darte al otro, de construir en base a la confianza, en descubrir del otro cosas que te ayuden a crecer, a tener ora mirada del mundo, que te ayuden  a pensarte como alguien importante y valioso; no como algo que se utiliza par el beneficio de dos o tres, y cuidadito de renegar o pedir un "gracias".
Quizá no soy la hija, la hermana, la tía, a esposa o la madre perfecta. Y honestamente nunca ha sido mi intención serlo. Eso me quedó claro hace muchos años, primero, porque siempre me dejaron muy claro de que nunca llegaría  a los estándares mínimos establecidos por aquellos que me comparaban todo el tiempo con mis hermanos, con su físico, su intelecto; porque ellos sí hacían lo que se les pedía, ellos sí eran los buenos, yo... yo era una pérdida de tiempo.
Con los años, me dí cuenta de que esa imperfección permanente me había ayudado a buscar más cosas, a no ser conformista, a cuestionar,a ser curiosa con la vida, a seguir maravillándome, a seguir descubriendo miradas, palabras, colores, aromas... Y por lo tanto, era la imperfecta por eso mismo: por cuestionar, por no quedarme con la primer o única explicación; por saber que tenía muchos derechos, y que iba a defenderlos... porque soy imperfecta.
Y ante la amenaza de "ya tendrás tus hijos y pagarás todas la que has hecho", me he dicho una y mil veces: no fui tan mala como me decían, pues mis hijos hasta hoy no me han hecho pagar ni sufrir lo que me predecían con esa seguridad que da ese autoritarismo disfrazado.
Y este año, mi cabeza y mi  corazón han estado desmenuzando cada escena de mi vida, desde mi infancia hasta el día que corre en la actualidad. No fue tarea fácil. Es cansado, agotador, deprimente, pero sobre todo, una tarea muy solitaria.
Entre eso y un ambiente laboral nada deseado, había días en los que no sabía si rendirme o aceptar esas palabras "eres una mala persona, nunca harás algo bueno" y renunciar a todo y dejarme caer.
Y algo pasaba... una llamada, un mensaje, una publicación que me recordaban que no soy perfecta, que nunca he querido ser perfecta, pero sobre todo que nunca me ha importado ser perfecta. Por Dios! si son esas imperfecciones las que me han ayudado a ser lo que soy;  a valorar todo lo que tengo, lo que hago; a agradecer por mi esposo, mis hijos, por cada amigos que llega por cada amigo que se va. Por cada triunfo, por cada fracaso.
Y entonces vienen a decirme de que soy la responsable de no se que tantas cosas y personas, que debo estar ahí aunque me traten mal, pésimo o como puedan. Que lo que soy y lo que tengo debo de ponerlo a sus órdenes, porque para eso me lo dio Dios: para ayudar a mi gente, porque es mi obligación.
Y me vienen a querer dar lecciones de vida y de bondad. Encasillándome en el papel de malvada, de inconsciente, de mal ejemplo y casi de deshonor....
Y se preguntan todavía por qué soy rebelde....
Aviso: no es rebeldía; es sensatez, congruencia, amor propio, dignidad.
Y poco a poco, mi pecho dejó de sentirse oprimido, mi cabeza se sentía más liviana, mi risa más ruidosa y mi mirada más brillante.
De repente, me sentí ligera, tranquila, renovada. Había tirado el lastre que cargaba por años.
Mi padre me enseñó a amar sin medida, pero cuidando mi dignidad. Me enseñó a no odiar, pero seguir siendo cautelosa.  A confiar en el otro, pero no dejar que me utilicen. Pero sobre todo, me enseñó mi propia valía y una y otra vez resaltaba ese "modo poco convencional de vivir y de hacer las cosas, que ante todo pronóstico, me salían más que bien".
"Tu conciencia te guía", me decía, " si no te anda dando lata, si te deja hacer tu vida con tranquilidad, señal de que tu conciencia está bien" y sí. Hasta hoy en este sentido, no me dicho que estoy mal, ni que debo pedir disculpas, o reconsiderar nada. Por más que terceros de una u otra manera insistan en que debo hacer algo para mejorar mi actitud.
Y cada que llega mi cumpleaños, navidad, año nuevo o alguna fecha en especial y me preguntan qué haré, dónde lo pasaré, mi respuesta es simple: estando mis hijos, mi marido, la gente que quiero, la gente que me quiere tal cual soy,  lo de más, es lo de menos.
Cierto que no ha sido fácil, no tener quien me aconseje, quien me enseñara a ser madre, quien me acompañara en momentos claves de mi vida. Es cierto que aprendí a tomar decisiones y aprendí a afrontar las consecuencias de las mismas; me hice más fuerte, mas independiente, más segura de mí.
Hoy sé que eso lo ven mis hijos. Ven a una mujer, a una madre, rara, diferente, medio loca, que rompió esquemas, pero que cada paso que da, lo da con seguridad y convicción. Sé que ven a una madre que les enseñó a quererse sin competir entre ellos, que saben lo valiosos y geniales que son. Que el tiempo con ellos es un enorme tesoro que Dios me ha dado. Si soy tan mala, por qué me dió semejantes ángeles para cuidar?
Hoy sé que Migue me ve con orgullo. Que su confianza no ha sido defraudada en ningún sentido. Sabe lo que he pasado y en él me he refugiado miles de veces, es mi roca, es mi inspiración y ese  motor de ser mejor cada día.
Y a unas horas de cerrar el año, me he dado cuenta de que estoy rodeada de gente valiosa e importante en mi vida: Un marido y unos hijos fuera de serie, son lo mejor de mí.
Tengo unos primos fabulosos, unos sobrinos increíbles, amigos que son ya familia, hermanas con el apodo de amigas que han estado a mi lado en las buenas, en las malas y en las peores. Unos compañeros de trabajo que me han aceptado, aguantado y querido como no lo esperé... unos chamucos que son lindos y alegran las horas en la oficina.
No incie bien este 2016, fue difícil llevar los días y las semanas, pero al final, el saldo es a favor: a mi favor!
Y no estoy dispuesta a que me cuestionen, reclamen o intenten colgar medallitas ni obligaciones que se inventan por calmar a lo mejor su propia conciencia. No estoy dispuesta a competir por una palabra amable o un trato frío. No estoy dispuesta a dejar o mucho que hoy tengo, por lo que otros quieran darme de propina  exigiendo de mí mi dignidad  o la de Migue o la de mis hijos.
Ya se termina este año, y dejaré ir todo lo que me ha lastimado, pero que me ha reforzado y hecho crecer más, madurar y también aceptar. No le deseo mal a nadie, bendigo a todos y pido a Dios por que les de luz, sabiduría y mucho amor que les permita sanar y madurar.
Gracias 2016 por todo lo malo y gracias por permitirme aprender y seguir adelante con mayor seguridad en mí en cada uno de mis pasos; por dejar aquello que pesaba y era inútil en mi vida.Gracias por que en los momentos difíciles me permitiste aprender y ver lo bueno de las cosas.
Adiós 2016... Hola 2017, y tú nuevo año, pórtate bien!!!




lunes, 24 de octubre de 2016

Un Aniversario más

Este fin de semana fue de celebración en familia.
Festejamos un año más de vida en pareja, de vida familiar, de vida en común.
Ya un camino largo recorrido, que no es una simple acumulación de calendarios o de días, o de horas...
Es un álbum de vida. De la vida de Migue de la mía, de la vida de cada uno de nuestros hijos. Así. En lo individual y en familia.
Porque cada uno ha ido hilando a lo largo de estos años nuestra historia.
Nos es un acumulado de fotos publicadas o guardadas en una memoria o en un álbum, o en una caja. Es un acumulado de recuerdos, de anécdotas; sazonados con risas, con lágrimas, con lecciones.
Trazada por kilómetros recorridos a lo largo de nuestra vida en nuestros viajes de pareja, con los hijos, con la familia, con amigos.
Es más que un número, es más que dos dígitos.
Su significado va más allá de Aniversario o de Familia.
Lo que es, es al final lo que somos. Por separado y en conjunto.
Somos una familia, un equipo, una tribu. Un puñado de orates que disfrutan su locura y la gozan más estando reunidos. Dándonos cuerda a cada instante.
No importa si es tirados en la cama viendo lo que se nos antoje en la tele. O alrededor de una mesa con la baraja, con el adigma o cualquier juego que nos haga pasar el rato y darnos cuenta de golpe que ya es de madrugada... y quedaron en el tintero bromas, burlas, risas.... O si es en algún pueblo o ciudad, caminando, subiendo, bajando. Visitando museos, sitios arqueológicos, parques, iglesias, mercados...
No nos define el apellido... nosotros lo definimos, lo creamos, le dimos un nuevo sentido, un nuevo significado. Y no es sólo para identificarnos del resto o reconocernos como familia. No. Nos da una identidad única. MARQUIÑONES. Así como no hay algo así, sabemos que no hay nada como nosotros.
Por eso, cada 21 de octubre no celebramos un aniversario de bodas más. Celebramos la vida, la decisión diaria de cumplir con nuestra palabra frente al altar. Celebramos la unión, los hijos. Celebramos nuestro camino y nuestros logros. Celebramos los fracasos porque nos han dado enseñanzas.
Es fácil decir "cumplo X años de casado" pero no es fácil decir que esos años han valido la pena.
Que volvería a casarme  con Migue, que seguiría el mismo camino. Puesto que es lo que nos ha hecho lo que hoy somos.
Este caminar no se nos presentó sencillo.
Hemos enfrentado retos a lo largo de nuestra historia.
Hemos crecido juntos como personas. Hemos madurado.
Hemos aprendido a ser mejores para el otro, sin esperar que el otro sea mejor para mí.
Un año más de compartir mi vida con un hombre simplemente brillante y maravilloso.
Un hombre que igual me acepta con mis locuras, que con mis enojos, mis tristezas, alegrías, desafíos, desencantos.
Un hombre que me da la mano para que le acompañe, el oído para que le aconseje y el hombro para que sueñe.
Un hombre que me complementa, que me impulsa y me quiere simplemente tal cual soy.
Un aniversario más de agradecer lo afortunada que soy por mis hijos. Por la familia que hemos conformado.
Y sí. Un año más que celebramos como lo hacemos con las cosas que Dios nos pone en nuestro camino, buena o mala: JUNTOS, UNIDOS.
Aunque cansados, desvelados, molidos y demás... este fin de semana se une a los recuerdos familiares. No voy a decir uno más, porque todos son igual de bellos y valiosos y en su conjunto nos dan un tesoro inigualable.
No diré que vamos por otro año juntos: vamos por más vivencias, por más momentos, por más risas. Por el día a día, por ese entretejer una gran historia con anécdotas, con pedacitos de cada uno y a la vez con la unidad de los cinco.
Gracias Migue, Rosy, Luisa Miguel. Gracias vida. Gracias Dios.

martes, 10 de mayo de 2016

10 de mayo!

Hoy que es 10 de mayo, tengo mucho por agradecer. Lo primero: no estoy en el hospital ni convaleciente!!! jajajaja. No, eso no es lo primero.
Lo primero es agradecer a Dios por retractarse y siempre sí dejarme ser madre. Y no de uno ni de dos: de tres!!! Y vaya trío que me puso en mis manos!!!
En segundo lugar a Migue, porque no sólo me eligió como esposa-compañera-cómplice, sino como la madre de sus hijos!! Y ese grado de confianza, no es pequeño ni simple.
En tercer lugar a mi trío de tres patines. A ellos por estar aquí, por permitir que cada día sea uno diferente. A ellos que me han dado más de lo que les doy. Ellos que me han hecho la labor no tan complicada y eso que siguen sin instructivo!!!!
Ellos que me ayudaron a ser más paciente, más creativa, a tener pies de plomo, a dejarme de egoísmos, a dejar la soberbia a un lado. Ellos que me han permitido conservar a mi niño interior (ese que a veces aflora más y les enfada y los tortura...) que me han enseñado lo que es la sencillez de alma. Ellos que no dejan de sorprenderme y no sólo por lo mucho que han crecido, o por el paso de los años; sino por lo maravillosos que son.
Para mí ser madre ha sido relativamente fácil. O soy muy ruda o ellos son buenos!!! y honestamente me quiero quedar con esta duda!!!
Este 10 de mayo lo he festejado desde días antes con mis hijos. Lo he disfrutado tanto, como no la hacía en otros años. No sé si es la edad, la melancolía, el saber que cada día que pasa mis pollos están más cerca de dejar el nido... no lo sé, pero he aprovechado cada segundo, cada momento, atesoro cada risa, cada bullying que me hacen, cada frase nueva.
Hoy me gustaría que todas las mujeres que conozco y han sido bendecidas con el don de la maternidad, se tomen un tiempo para agradecer lo que significa el no sólo poder dar vida, sino acompañarla, guiarla... transformarla. Y que sus hijos les festejen y reconozcan la labor que han hecho hasta este día; que las apapachen y consientan mucho.
Que cada uno de sus hijos aprecien lo que han hecho desde el momento en que la vida se formó en su vientre. Los meses de ansiosa espera, los achaques, los nervios por tener a una cosita llorona en brazo, por cambiarla, bañarla, alimentarla... por las constantes dudas de si seremos o no buenas madres, por el miedo de cometer errores garrafales con ellos. Por leer y tratar de memorizar cada libro que pasaba por nuestras manos con los consejos para ser madre.... y darte cuenta de la realidad de que el bebé venía sin instructivo, de que lo armaron en china y una ni idea de que rayos le pasa a dicho bodoque: hambre, sueño, frío, está sucio, cansado, aburrido, le duele algo... o sólo entrena los pulmones para cuando sea adolescente....
Que cada hijo reconozca a la mujer que se desveló cuidando su sueño, cuidando que respirara... cada diez segundos, preguntándose si la posición en la que esta es la adecuada, si el pediatra lo aprueba... porque la vecina, la hermana, la tía, la abuela le recomiendan algo diferente. Que reconozcan las desveladas cuidando que no subiera la fiebre, que no tuviera pesadillas, que no tuviera miedo de los rayos, de los truenos. Revisando cada rincón del cuarto para espantar los monstruos debajo de la cama o encerrados en el clóset.
Que agradezcan al chofer personal, al estilista dedicado, a la modista, a la organizadora de fiestas infantiles y pijamadas: a esa nutrióloga que tenía la manía de preparar verdura, verduras y más verduras; o platillos "exóticos" con una presentación más exótica aún. Por esos experimentos culinarios que sólo pretendían nutrir a sus pequeños para que rindieran en las clases de natación fut, tenis, karate.... ajedrez o lo que el pimpollo quisiera practicar.
Por esos días en que se quedaba a fónica de tanto gritar porras a su hijo, o de reclamar al árbitro o al jugador contrario. Por ese odio hacia el equipo enemigo de su hijo, por estar cada partido, cada entrenamiento ahí, fiel, dispuesta a ver cada avance de su criatura.
Que agradezcan todos los festivales y disfraces que conseguía sólo Dios sabe cómo, y todavía se levantaba temprano para peinar y maquillar a su estrella favorita. Por enternecerse una y otra vez al ver a su hijo en el escenario cantando, bailando, diciendo un poema.
Que reconozcan todas las fiestas infantiles a las que asistió porque el pequeño no quería estar sólo.... y sólo se acordaba de que estaba su mami ahí cuando quería comer, beber agua, porque no encontraba los tenis que dejó "junto al brincolín" y estaba uno en el arenero y el otro en el baño, hasta ahora no sabemos cómo es eso posible.
Este día el facebook, el whatsapp, estarán llenos de fotos y felicitaciones de una madres a otras, de los hijos a sus madres, a las abuelas, a las tías, a las amigas. Los restaurantes estarán llenos todo el día por aquellos que llevan a la esposa, a la madre a desayunar, a comer o a cenar.
Hoy mamá es la reina de la casa y de la vida de sus seres queridos.
Hoy se merecen un homenaje y una eterna gratitud por lo que es el trabajo de ser madre. No es fácil saber que se tiene una vida en las manos y que depende enteramente de nosotras; no es fácil ver a tu hijo lastimado y tener que ser fuerte para calmarlo, curarlo, y hacer que confíe de nuevo. No es fácil ver como crecen y cada día son más independientes. No es fácil ver que prueben sus alas con el temor de que caigan. No es fácil....
Pero es maravilloso ver cómo en su independencia y en su afán de probarse, van madurando, van creciendo y van aprovechando las oportunidades que la vida les da. Es maravilloso ver como se convierten en niños, adolescentes, jóvenes, personas de bien y cómo toman las decisiones que van delineando su vida, su profesión, su futuro. Y ver cómo regresan al nido para que su madre los felicite, los abrace, los aconseje, los cobije.
Es maravilloso estar frente a una caja repleta de fotos y recordar cada momento y darte cuenta de que esas personas son geniales, en parte por ti.
Es maravilloso saber que las desveladas, regaños, miedos, nervios, castigos, lágrimas, risas, han valido la pena. Y hoy, 10 de mayo, nos podemos sentar y hacer ese recuento de los años, de los momentos. Y podemos estar agradecidas por los hijos que tenemos y por la ventura de ser madre.
Para mí, este día, es día de agradecer por este don de ser madre. Por permitirme tener en mis manso y en mi vida a tres seres maravillosos que cada día me sorprenden por su nobleza, por su cariño, por sus detalles, por sus cuidados... Estoy agradecida porque con Migue he formado una bella familia.
Sé que no somos perfectos y no pretendemos serlo. Sabemos que tenemos defectos, y eso nos hace divertidos, conscientes de nuestro lugar y nos ayudan a tener siempre los pies sobre la tierra. Sabemos que tenemos defectos y ese es un buen "pretexto" para ayudarnos unos a otros, para ser solidarios, para tenernos paciencia y saber que entre todos somos un grandioso equipo.
Hoy este día es simplemente el día en que reconozco que mi trío me han hecho la madre más feliz; no seré la mejor o la más grandiosa. Pero sé que soy la que más se divierte, la que prefiere una tarde con ellos sentados en la mesa echando chal; o tirados en la cama viendo series o películas; o jugando baraja o pinta monos, o lo que sea, mientras sea juntos.
Felicidades a todas las mamás, a las casadas, a las solteras. A todas las que luchan por sus hijos, que son las primeras en regañarlos y las primeras en defenderlos; a las que se fajan los pantalones para sacar adelante a sus hijos; a las que son ejemplo de bondad y entrega. A todas, hoy es su día, el día en en que recordamos todo lo que hacen los otros 364 días....
Feliz día de las madres ahhh y les presumo que mis hijos me trajeron un bello arreglo de rosas y un SÚPER MINION GIGANTE!!! sólo para mí!!!!

lunes, 8 de febrero de 2016

Mi inicio de semana

Hoy es uno de esos días en los que se ve una semana larga, pesada difícil. Y no e}por lo laboral o familiar. Esta semana inició con un mal fin. Y empieza la mente a cuestionarse, a reclamar, a no saber si es mejor resignarse o simplemente dejarse llevar... o seguir luchando para salir de esta en la espera de que en dos o tres meses, la batalla inicie de nuevo.
Esa batalla que tengo con mi cuerpo desde hace años... diez para ser exacta. Batallas que reconozco cada vez me doblegan más, me deprimen más, me cuestionan más. En las que no sé si es mejor seguir, darme por vencida, o hacerlo llevadero sólo por sentirme mejor y reiniciar cuando de nueva cuenta recaiga.
Las soluciones no son sencillas. Y menos cuando es un ciclo que se repite cada vez con mayor frecuencia. Es cansado, es doloroso, es deprimente. Sé que no basta con llorar, con desesperarme, con preguntar por qué? (sé bien esa respuesta) sé que ya no basta con cuidarme o con conocer a la perfección qué debo y qué no hacer, comer, beber.
Este es un punto en el que no puedo seguir haciéndome la fuerte, o la indiferente, o como si estuviera todo bajo control. Este es un punto en el que esta vez, siento un golpe bajo. Este es un punto en el que tengo que ver a futuro, a corto plazo. No puedo darme el lujo de pensar o planear a largo plazo. Tengo que hacer todo por día, cada 24 horas, sólo por hoy. Porque sé que así podré entonces ver los frutos a largo plazo.
Hoy lunes no tengo ni buen ánimo, ni buen semblante ni buen talante. Es más, no traigo ni buen humor. Este lunes no quiero salir a la calle (ya me regresaron del trabajo para que me recupere) no quiero ver a nadie, no quiero saber de nada. Sólo quiero saber, sólo quiero entender, quisiera ver una solución concreta, firme, certera. Sólo quiero no odiar mi cuerpo por un momento.
No escribo esto buscando compasión o una palabra que intente reconfortarme. Sólo quiero expresar lo que siento desde hace tiempo; con la esperanza de que se aclare un poco mi mente y encuentre más de una solución.
Hoy es uno de esos días en los que siento que mi cuerpo está en mi contra, en que lo veo y lo siento ajeno, extraño, enemigo. Hoy es uno de esos días en los que siento que esta batalla me va a costar más que la anterior, que va a durar más que la anterior, que me va a desgastar más: que mi cuerpo parece empeñarse en desgastarse de tal manera que decida simplemente dejarlo salirse con la suya. Que ni el medicamento, ni los cuidados, ni las ganas que le ponga por mejorar, serán relevantes para él.
Pareciera que mi cuerpo combate la medicina, como si no quisiera mejorar. Como si el malestar y el dolor le gustara (masoquista y sádico, a mí no me gusta ni el dolor ni el malestar) como si me dijera que es mejor dejarse llevar por esta vez, que quizá la siguiente batalla me la ponga más fácil.
Igual, estoy cansada, cansada de saber lo que me espera, de conocer mi panorama, de saber que mi normalidad no es en realidad normal. Quizá estoy cansada, de cuidar lo que como y lo que hago, aún sabiendo que mi cuerpo parece un ente independiente de eso y que decide como actuar y si aprovecha o no lo que hago, logrando sacarme de mis casillas, quitarme la paciencia y más de una vez las ganas de seguir.
Hoy es un inicio de semana que inicié con un "regresa a casa hasta que te mejores", "traes una cara!!" "te golpearon o por qué tan demacrada?", Es un lunes  de regresar llorando sin controlarme hasta que llegué a casa, y no sabía si era por el dolor, por la desesperación o por que´. Hoy es el inicio de una semana en la que mi paciencia de nuevo se pondrá a prueba, en la que de nuevo la comida no es una aliada, en la que el agua me sabe a cartón y me revuelve el estómago, en la que cada movimiento debe ser meditado y planeado con sumo cuidado.
Hoy inicia una semana en la que mi peor enemigo es de nuevo el doctor (aunque cuando mejore será de nuevo mi aliado, mi héroe y demás) en la que de nuevo se mencionará incansablemente la palabra cirugía; en la que mi cama será testigo de mis debates mentales y emocionales. En la que el gato será mi compañía y escucha involuntario de mis quejas, lamento, enojos y demás...
Hoy inicio la semana con nuevas dudas y viejas quejas. Con el mismo dolor y diferentes enfoques. Con las mismas náuseas y diferentes posturas para calmarla. Inicio sin ganas de negociar, sin ganas de defenderme. Con el miedo latente de los estudios largos y dolorosos; con el pavor al frío quirófano; con la resistencia del consultorio; con el ya para qué, de qué sirve en la boca.
Una nueva batalla de esta guerra de años, se supone que debería estar acostumbrada. Pues no, no me acostumbro a saber y aceptar que no estoy al 100, que mi cuerpo de repente se traba, y que me daña.. no me acostumbro a saber que hay muchas cosas que debo dejar de hacer, alimentos que debo erradicar, rutinas que debo implementar. Pero sobre todo, una mentalidad que debo programar.
Hoy inicio una semana que debo de pasar, terminar, superar.
Y se preguntaran "y tu familia?" pues para ellos esta semana será difícil. Dejarán de ser mi familia y se transformarán en dictadores, en mis carceleros. Estarán al pendiente de cada gesto, de cada movimiento. Me atenderán con todo el amor del que son capaces para atenuar el día. Estará dispuestos a ayudarme, a consolarme y a alegrarme cada momento. Me abrazarán para decirme que no les gusta verme así, que les duele, que harían todo por que recuperara mi salud.... Son lo mejor, son perfectos, unos ángeles.
Sólo me resta pedir una oración por los que enfrentan esas batallas día a día; por los que luchan sin rendirse; por las familias de ellos; por su paciencia y dedicación.
Y que su inicio de semana sea mejor, mucho mejor que el mío y que el resto de ella mejore cada día más.... falta mucho para el viernes?




jueves, 31 de diciembre de 2015

Año viejo/Año nuevo

A unas horas de que la última hoja del calendario se caiga, haciendo la cuenta atrás antes de las doce campanadas; me siento frente al jardín a hacer lo propio. Reflexionar acerca de este año que se va y de lo que hice bueno y malo. No voy a decir que haré el recuento de lo que este 2015 me dejó; porque al final de cuentas he sido yo la que tomó las decisiones que me ponen en este momento a pensar en si las cuentas son a favor o en contra este final de año.
No diré que inició con el pie derecho, pero sí con las expectativas de saber qué haría en cada día y cuales serían las oportunidades a aceptar y por qué no a rechazar durante las 52 semanitas nuevas que tenía enfrente.
Conforme fueron pasando los días, las promesas de año nuevo se fueron diluyendo, ni hice ejercicio, ni me inscribí al gym, ni hice las dietas que debía. Comí como si no hubiera mañana, la báscula registró pesos récord de mi, ante mi sorpresa, escándalo y falsas determinaciones de que ahora sí iba a ponerme en control de mi peso. Ja ja.
La promesa de que me aplicaría en el trabajo dio resultado, ya que me cambiaron al área de Investigación. Más retos, pero más aprendizaje para mi. Estudiare como loca durante el tiempo que esté en ese departamento, pero valdrá la pena. 
Hubo gente que se alejó de mi, otras que gracias a Dios siguieron al margen o de plano terminaron por disolverse hasta convertirse en un recuerdo, aún no se si bueno o malo, pero al fin, son un recuerdo. También este año conocí personas maravillosas que me enseñaron mucho sobre todo en el mes de Noviembre, que fue para la familia entre caótico, divertido, esperanzador, lleno de retos, motivante, pero sobre todo de prueba para todos.
La batalla constante conmigo misma no cesó, mi cuerpo se rebeló en varias ocasiones, dando uno que otro susto, debo de tomarme más en serio eso del ejercicio y de la dieta nula en sodio, conservadores y demás que sé me dañan, hacerla de manera permanente. Mis demonios fueron amables este año conmigo, hicimos una tregua y creo que hemos cumplido ambas partes. Puedo verles de repente que se asoman y ya no me asustan ni me paralizan, Sé cómo calmarlos y hacer que regresen a su escondite, aún no intento desterrarlos por completo, parece mentira, pero uno les toma cierto cariño a los condenados que es difícil verlos partir... no soy tan desalmada de dejarles sin hogar, pero sé que debo soltarlos, espero este año hacerlo poco a poco; digo, hay que avisarles del desalojo con algo de tiempo...
Otra promesa que me hice fue el dejar por completo que los problemas de antaño siguieran haciendo mella en mi vida. Casi lo logro, pero el penúltimo mes del año me puso la prueba difícil que creo pasé no con mención honorífica, pero lo suficientemente bien como para no sentir a estas alturas ninguna clase de remordimiento o cuestionamientos inquisitorios. La otra prueba vino este mes y de igual manera me sentí tranquila y confiada, pude de alguna manera capotearla como los grandes.
De mis hijos, no puedo decir más que me siento orgullosa, han respondido mejor de lo que yo lo hubiera hecho, me ponen alta la vara para no decepcionarlos, han contribuido en lo que se les ha pedido, han entendido de manera sorprendente cada uno de los retos a los que nos henos expuesto. han estado más que solidarios y siempre sonrientes, con buena disposición, este año maduraron mucho. Crecieron como personas y como familia. Los siento más unidos, más tranquilos, centrados y más enfocados en las cosas que valen la pena.
Ellos también tuvieron que tomar sus decisiones difíciles,  no puedo juzgarlos, no debo y no lo haré. Ante las pruebas, antes los acontecimientos, ellos decidieron hacer lo que mejor les convenía y lo que menos les iba a lastimar. Es doloroso saber su veredicto, pero es más triste saber que la otra parte no ha hecho absolutamente nada en 12 meses para poder solucionar las cosas con ellos. Sabemos que se seguirá quejando de nosotros, especialmente de mí, pero a estas alturas el daño se hizo y ante la renuencia de una disculpa o un intento de componer las cosas, no nos deja más que simplemente dejar ir a aquellos que no nos hacen bien. Y si lo pienso detalladamente, a veces siento que el veredicto de mis hijos es benévolo.... en comparación con el dolor que les ocasionaron. Nobles hasta el final!
Este año me hizo más fuerte, supongo que más dura. No estoy ya en el papel  de querer dar gusto, de tratar de acomodar las cosas para que todos estuvieran contentos, menos yo. Este año me gustó el sentirme útil en un lugar, el ver los resultados de mis esfuerzos, de mis estudios, de lo que he aprendido. Este año me di cuenta de que yo también puedo y debo esperar que alguien espere por mi, que se adapten a mi ritmo, a mi rutina, a mis cosas.
Me di cuenta de que puedo hacer más cosas de las que imaginaba, eso sí, aún no me organizo del todo con lo de hijos/marido/casa/oficina y creo que nunca lo haré, ya que
siempre hay algo que me mueve los planes del día y termino mandando los pendientes al fin de semana que por cierto nunca me es suficiente.
Dejé por lo tanto de estresarme por la casa, por las cosas que sé que aunque las arregles, en 5 minutos volverán a su estado original: desorganizado, como la ropa, la loza, las hojas en la cochera y el patio, las naranjas en el jardín...
Decidí aprovechar más esos pequeños momentos de la vida: la procesión de personitas en mi recámara sugiriendo ver una peli o una serie; las sobremesas que se alargan al punto de hacerme llegar tarde a la oficina o los sábados que se juntan con la hora de la comida; las encerronas en familia; los fines de semana en pijama; las salidas al cine; los juegos de mesa; las charlas entre chicas; el enfadoso de Miguelito que se esmera en dar lata y creo que el doctorado en eso ya le queda corto. Los paseos en auto cantando, la emoción de las salidas de mis hijas y su  estresante me ayudas?no sé qué ponerme. Es  genial saber que sigo a mi edad jugando a las muñecas... por cierto esas son Rosy y Luisa,
Si bien mis promesas iniciales se fueron en los aires de febrero, al paso del año hice otras que me resultaban no sólo atractivas sino en realidad más útiles: más paciencia; juzgar menos; quererme cada día un poco más; gozar cada momento del día bueno y malo, incluyendo los embotellamientos, los cambios radicales de humor de la jefa, las lentitudes en la oficina; sonreir más aunque no haya un motivo aparente, sonreir por el hecho de que salió el sol, de que la lluvia es ligera y fresca, de que hace un buen día, de que no me acaloro en el auto, de que planché en un solo día toda la ropa, de que celebro haber lavado toda la ropa y descubrir que por arte de magia el bote está rebosante de nuevo...
Estar para mis hijos aún con los horarios de locos que manejamos y ha hecho cada vez más difícil que coincidamos todos como antes en la comida o cena, Por lo que decidí que debo estar presente con cada uno y disfrutar esos momentos. Crear recuerdos agradables para mi, para ellos.
Ser más tolerante, incluso con los intolerantes. Que vaya que en mi vida hay muchos que se la pasan destrozando prójimos por cosas tan insignificantes como el físico, la profesión, el trabajo, la raza, el credo, etc., y es difícil a veces no soltar el popular dicho del Rey Juan Carlos "por qué no te callas", así que respiro profundo, cuento hasta diez... y me pongo a cantar en mi mente o a recordar cosas agradables.
Ser agradecida, con Dios, con Migue, con mis hijos; por ellos, por lo bueno que me pasa en el día y también por lo malo, pues sé que por algo ocurrió y trato de sacar algo bueno para crecer. Agradecer al que me ayuda en la oficina, a quien me tiene en alta estima. Agradecer por aquellos que siguen en mi vida como bastiones; agradecer por aquellos que decidieron alejarse; agradecer por los que han demostrado ser valiosos; agradecer por lo que han mostrado el cobre una y mil veces. Agradecer por aquellos momentos no planeados en los que Dios y sus dioscidencias me han hecho quedar bien a pesar de que otros me han puesto peor que lazo de cochino.... Agradecer cada día y cada oportunidad que tengo de seguir siendo yo. Agradecer por cada oportunidad de corregir errores, de cambiar, de ser mejor. Agradecer cada lágrima, cada momento de debilidad, de nostalgia, de dolor.
Otro propósito fue el de darle a los demás la oportunidad de demostrarme que son mejor de lo que yo suponía. Hubo quienes sí ,me callaron la boca y hubo quienes de plano me dieron totalmente por mi lado... confirmando cada cosa e incluso agregando a la lista otras que ni me imaginaba. también Gracias por eso (sigo siendo agradecida).
Este año me di permiso de ser más libre, de mortificarme menos. El resultado es más que positivo. Al yo ser más libre, dejo a los demás serlo, y fluyen las cosas con más naturalidad, mejor, con calidad y calidez. Esta libertad me permitió criticarme hasta el cansancio y de ayudarme a cambiar las cosas que me detenían y me limitaban.
A unas horas de la cuenta atrás, no voy  a  atragantarme con las uvas y los doce deseos, no lo haré por la razón de que nunca las he comido al ritmo de las campanadas, me atraganto, me muero de la risa por atragantarme, se me olvidan los deseos, las promesas y termino haciendo un batidillo sin sentido. Así que nada de uvas para mi. Quien lo logre felicidades! Antes de que despida este año, quiero hacer un pequeño homenaje a los amigos de ayer, de siempre. A los que sin importar tiempo, distancia sé que están ahí. Quiero que Dios los bendiga de manera muy especial por ser quienes me han dado momentos maravillosos a lo largo de mi vida y de este año.
Quiero reconocer a los amigos que ante nuestras malas rachas ahí han estado presentes, dándonos la mano. Quiero agradecer a los que a pesar de lo ermitaños y raros que somos nos siguen llamando amigos, familia. Quiero agradecer a los que confían en nosotros, a los que siguen apostando por nosotros.
Y en especial mi promesa más grande que me hacía cada día de este 2015; amar a Migue, cuidarlo, alentarlo, apoyarlo. Cuidar a mi familia, hacer que cada día seamos más fuertes en lo personal y en lo grupal. Ayudar a que cada uno sea tan original y raro, que sus locuras los hagan brillar y destacarse, que cada día crean en ellos tanto o más que yo. Esa promesa la cumplí cabalmente y fue más que un gusto, un placer. Dios me dio cuatro personas que son un manantial inagotable de sorpresas, de risas, de ocurrencias, de cosas buenas, de nobleza, de amor, de entrega.
Supongo que ahora debería de hacer mi lista de promesas para el año que viene. Puede ser, pero no será la típica que dejo de cumplir pasado mi cumpleaños. Este 2016 quiero ser más cálida, menos convencional, mejor en mi trabajo y en la casa, quiero ser más observadora con mi cuerpo, quiero soltar uno que otro demonio, quiero ser más fuerte y más nostálgica, quiero seguir honrando a mi padre, quiero seguir siendo ejemplo de mis hijos. Quiero cada mañana verme en el espejo y sentirme orgullosa de ese reflejo, de lo que engloba.
Quiero ponerme retos profesionales. Quiero crecer en ese ámbito. Quiero seguir con mis amigos y espero continuar con los que se agregaron este año a la lista. Me gusta saber que tengo mucha gente que me aprecia, y que aprecio. Me gusta sonreir con ellos, pasarlo bien con ellos. Charlar con ellos. Saber que ahí estamos a la distancia de un click.
A lo mejor no son las promesas que uno espera, no quiero dinero, ni un auto, ni un guardarropa. Quiero mi café en la mañana, mi chai en la tarde, mis hijos, mi esposo, mis gatos, mi perro. Quiero mi casa y mi rincón. Quiero el sol en la mañana y el fresco por la tarde. La lluvia en el verano; quiero sentir el frío en invierno. Quiero salidas en familia y yo sola. Quiero momento inolvidables guardados en una foro o en mi memoria. Quiero reir a carcajadas y llorar como desconsolada. 
Quiero abrazar con el alma, quiero una mano cálida, Quiero cumpleaños con quienes se acuerden de mi, Quiero veladas con canciones, quiero amigos entrañables, Quiero una vida sin tanta complicación y protocolo. Quiero siempre ser yo. Quiero un 2016 que pueda vivir y recordar. 
Es hora de que cada uno haga lo propio. Ver si se cumplieron las promesas de año nuevo, hacer el balance anual y preparar las promesas para el nuevo año. Es tiempo de darnos cuenta de que un año más se nos va; otro calendario se agotó. 
Les deseo un buen fin de año, que lo compartan y disfruten. Y que el inicio del 2016 les llegue con esperanza, fe, confianza, nuevos planes, con gran actitud, que se den las oportunidades que no se dieron este año y que logren sus metas.
Yo no voy a decir 2016 sorpréndeme, yo voy a decir 2016 Sorpréndete ahí voy! 





















lunes, 30 de noviembre de 2015

A los compañeros de este viaje llamado Campaña:

Ayer terminó un mes de prisas, desvelos, carreteras, cansancio. Un mes de desgaste físico y mental. Un mes lleno de memes, de mentiras, de ataques, de descalificaciones, de insultos, de descrédito, de intentos de claudicar. Un mes aguantando las ganas de responderles, de evidenciarlos, de seguirles el absurdo juego que intentaban una y otra vez iniciar. Un mes viendo como agredían a quienes nos acompañaban, a quienes nos defendían. Un mes de artículos pagados, de notas amarillistas.  De declaraciones airadas, de intentos de impugnar, de acusaciones. Un mes de pedir tranquilidad, cordura, de rezar porque mis hijos entendieran todo ese lodazal.
Pero también fue un mes mágico. Un mes de conocer personas de todo el estado que aún tienen principios, convicción, amor por el partido. Un mes de embriagarnos de los bellos paisajes que nos mostraba Jalisco en las distintas regiones. Un mes de reencuentro con amigos de antaño, de remembranzas, de risas, de camaradería. Un mes de locura aderezado con aventuras, con chascos, con prisas, pero sobre todo con esperanza.
Este mes me enseñó muchas cosas, me mostró muchas rostros, muchos matices, muchas formas de vivir la militancia, de sentirla y de defenderla. Este mes me entregó un equipo de personas comprometidas, iniciando con Migue, con cada uno de los integrantes de la planilla, que a pesar de sentir en más de una ocasión que se iba contra corriente, seguían con entusiasmo, con alegría, con fe.
Un mes en el que mis hijos se portaron a la altura, entendiendo la situación, apasionados con la novedad de esta campaña, a veces cansados, a veces, con sed, con sueño, pero siempre sorprendidos por el paisaje, por la gente, por descubrir Jalisco a través de su gente. A ellos mis respetos por aportar algo, así fuera el permitir que su padre se ausentara, que llegara cansado, que tuviera poco tiempo  para ellos, que se la pasara en carretera a bordo de una camioneta. Gracias hijos, somo un gran equipo, somos afortunados en tenerlos, saben que los amamos y respetamos como no tienen idea. Son grandes!!!
Un mes que nos puso un equipo de campaña que ni mandado hacer. Juan Pablo, Carlos, detrás del volante en esas largas jornadas de camino, con pocas horas de sueño, dispuestos, sonrientes, atentos.
Unos jóvenes en la avanzada que nos llenaban de energía y de recuerdos de nuestros inicios en el partido. La camaradería, la entrega, las acrobacias para la foto, para colocar las mantas, las pato aventuras de las jornadas, que incluyeron llantas ponchadas, batería descargada, empujar la camioneta, llegar al destino después de horas de búsqueda... y no era el domicilio. Rigo, extrañaremos tus oportunas fotos y tu audacia al tratar de conseguir la mejor toma. Isaac y Abraham, la avanzada a la que tenía que pasarle algo, con su eterna sonrisa y disposición, aunque arriesgaran el físico por colocar la manta. Siendo los que tenían que estar antes que todos y descansar... después de todos. Erika, tu alegría al saber que la carretera era de curvas, pesada, difícil.... tu optimismo, tus ánimos, tu porra.
Los amigos que siempre dispuestos a colaborar con lo que fuera, prestando la casa, donando refrescos, botana, ayudando con los gastos, con las comidas. Los que siempre preguntaron "qué falta", "qué llevo", "qué hago".
Los que hacían campaña visitando casas, tocando puertas, llevando en su distrito el mensaje y presentando el proyecto que al paso de los día se convirtió en el de todos. Los que se aventuraban y nos acompañaban en una jornada, los que eran anfitriones, los que la hacían de puente con otros panistas.
Susana, por tu eterna fe en Migue, por la constancia, por el cariño recibido... por todo. Rocío, por la pasión que le pones a las cosas, por la compañía, por ser en ocasiones la mamá de todos, por los regaños, por los consejos. Alejandro, excelente persona, amigo, bondadoso como pocos, abierto a dar la mano siempre. Jairo, gracias por aceptar ser parte de esto, por el entusiasmo, por seguir a pesar de remar contra correinte. Elías por ser chofer, guía culinaria del distrito 3, por trasnsitar por las carreteras con la seguridad de traer un todo terreno (pobre camioneta y pobre Ale).
Juan Carlos, Miguel Angel Pinedo, Eliseo, Toño, Cassandra, Celso.... a todos y a cada uno de los que fueron y son parte de esto, mil gracias. Si no menciono a alguno no es por ingratitud, es por mi atolondramiento natural. Dios los bendiga siempre!!!
Este mes fue de muchos contrastes. En vez de quedarme con lo malo, decido agradecer lo bueno. Que al término de cada jornada, era lo que nos hacía continuar al día siguiente, la gasolina cuando sentíamos que las cosas no estaban bien, el ánimo ante el periodicazo,  el meme, el ataque "justificado como verdad".
Pero lo mejor que me llevo de esta campaña, no es este mes intenso, es un poco más de tiempo. Es desde que Migue decide lanzarse a esta nueva aventura y empieza a transmitirla a sus cercanos. La respuesta de cada uno y las ganas de añadirse y trabajar en conjunto.
Lo mejor es la convicción de Migue, el ánimo y las ganas de recuperar el partido de su infancia, el que lo formó, el que le puso el gusanito de ser político y estar al servicio de los demás. Esa fe inquebrantable en sus panistas, en la gente que ha luchado día a día para posicionar al PAN, para lograr triunfos.
Lo mejor es el cariño mostrado en cada municipio hacia Migue, el recibimiento, los abrazos, la confianza y el empuje. Ese regreso a la hermandad de antaño, cuando no se era un miembro de alguna asociación, sino parte fundamental de una gran y diversa familia.
Lo mejor para mi de esta campaña, de este último mes, ha sido y será el comprobar de nuevo que aunque les duela a algunos, Migue es un ser humano honorable, un hombre de palabra, recto, congruente. Alguien que durante su vida se ha conducido con rectitud, en la casa, en  el desempeño de su profesión o en la encomienda de algún cargo público.
Lo mejor es el admirar cada vez más al hombre que decidió estar conmigo hasta que nuestro Creador  nos llame a cuentas. Es ratificar que ha sido y es el mejor ejemplo para nuestros hijos, el mejor compañero y una persona que además de inteligente y brillante, tiene un compromiso constante con la sociedad, con su estado y con su país.
Todo en conjunto, lo malo y lo bueno, hoy me dan un balance más que a favor. No sólo por el triunfo merecido, sino por lo que significa; cambio, mejora, conciliación, trabajo, volver a las bases con visión de presente para proyección del futuro. Balance a favor porque destacó la reputación intachable de él a pesar de los incesantes esfuerzos de mancharla, porque el discurso no era hueco ni revanchista. Balance a favor, porque se logró el consenso de la mayoría para una nueva etapa del partido, no de quitar y poner, no de seguir con las mismas mañas, no del desgaste interno, no del reparto de cuotas, sino de la búsqueda del bien común.
Lo mejor de todo fue que Migue creció enormidades como ser humano, aprendió de cada militante con el que platicó, entendió la situación de cada municipio y región del estado, se solidarizó con el sentir de la militancia y  de las necesidades de cada comité. Creció como ser humano al no atacar, al mantener la concordia, la tranquilidad, al pedir prudencia al equipo y a quienes le apoyamos. Creció porque cada ataque, cada invento le fortalecía en lo personal y en lo político.
El balance es más que positivo. Se fortaleció el partido, ganó el panismo. Viene el tiempo de trabajo duro, de unificar, de reconquistar al resto  de la membresía de recuperar nuestra posición frente a la ciudadanía.
Migue, me siento orgullosa de ti, de tu trabajo, de tus convicciones, de tu rectitud, de tu inteligencia, orgullosa de aceptar el reto, de enfrentarlos. Orgullosa de que sacaste la casta como los grandes, de que no te amedrentaste, de que no tomaste los ataques en serio, de que fueron más un aliciente que un freno. Orgullosa del equipo que formaste. Orgullosa de estar a tu lado en esta nueva etapa, en este camino que recorreremos juntos, de la mano, apoyándonos.
Gracias por dejarme ser tu compañera de a bordo, por confiar en mi y por permitirme construir contigo este futuro.
Me quedo con un baúl lleno de buenos recuerdos, con abrazos sinceros, con risas, carrilla, anécdotas, me quedo con mi marido y mi gran familia, y con todos ustedes que de alguna manera ayudaron a armar este gran y bello rompecabezas.
Vamos por la Unidad!!